jueves 9 de julio de 2009

Alfredo di Stéfano jamás hubiese pensado, mientras asentaba cereales en sus campos de Los Cardales, que el mayor de sus hijos, justo el que lleva su mismo nombre, se convertiría en uno de los cuatro mejores futbolistas del siglo XX, según la F.I.F.A.
La pasión por el fútbol llevaba a “Stopita”, bautizado así por su abuelo por las cualidades de su cabello, a mitigar el trabajo que debía realizar para ayudar a la familia con cuanto partido de fútbol se desarrolle en los terrenos baldíos de la zona.
En Unidos y Venceremos de Barracas, o el Imán de Flores, di Stéfano no se destacaba del resto. Ni siquiera lo hizo en las divisiones menores de River Plate, equipo del cual era fanático y con el cual debutó en Primera.
Su explosión como futbolista se produjo, tras la huelga del ´49, cuando eligió Colombia a Italia y se calzó la casaca de Millonarios de Bogotá en lugar de la del Torino.
En su vida personal, Latinoamérica le brindó sus momentos intensos. En Argentina contrajo matrimonio, en Colombia vivió la experiencia de ser padre en dos ocasiones, mas en Caracas sufrió su peor momento cuando fue secuestrado por un comando antigubernamental que lo mantuvo cautivo durante dos días para mostrar su descontento con el gobierno venezolano.
Su producción en Millonarios lo llevó a ser disputado por Barcelona y Real Madrid, en lo que fue uno de los fichajes más polémicos de la historia española. La “Saeta Rubia” llegó al equipo merengue para ganar ocho títulos de Liga en diez temporadas, cinco Copas de Europa en forma consecutiva y una Intercontinental.
Ya retirado, con la modestia que lo caracterizó durante toda su vida, dijo haber sido sólo “un pequeño imitador de Erico”, en referencia al goleador paraguayo, quien fuera su máximo ídolo.
Amante del periodismo, la lectura y la actuación, prefirió volcarse a la dirección técnica cuando abandonó los pantalones cortos en 1966.
Así, comenzó a trasmitir todo lo aprendido en sus años de jugador. El sacrificio, el trabajo a conciencia y el espíritu ganador eran sus principios básicos a la hora de formar un equipo.
En 1998, la F.I.F.A. lo incluyó en el Salón de la Fama, lugar que ya ocupaba para la gran mayoría del mundo futbolero desde sus inicios, gracias a su liderazgo y aporte tanto dentro como fuera del campo de juego.
El 4 de julio y 789 goles después de su excelso paso como deportista, festeja su cumpleaños número 73, como Presidente de Honor del Real Madrid y con la felicidad de haber logrado mucho más de lo que se había propuesto en el campo de cereal de su padre, mientras pensaba una gambeta para practicar con sus amigos, tras su jornada de trabajo.

domingo 30 de noviembre de 2008

Amor - Odio

El argentino se caracterizó siempre por endiosar figuras públicas y destruirlas con sólo un cerrar de ojos. Con la simpleza de establecer parámetros de tolerancia casi sin filo, moviéndose entre blancos y negros con firmeza, con supuesta convicción idealista.
Los tenistas no pudieron escaparle a este sentimiento y pasaron de ser “La Legión” a un grupo de egoístas deportistas que sólo persiguen el dinero y se cagan en la gente.
Habría que tener más cuidado en juzgar, a ciencia cierta, causas y consecuencias de este tipo de estilos de vida, de principios ante la adversidad o de simples discursos.
Es cierto que se cometieron errores, tanto en el plano organizativo como en las decisiones dentro del juego que, de algún modo, perjudicaron el resultado esperado.
No puede entender que la facilidad que debería haber sido vencer a una España alicaída por la noticia de la deserción de Nadal más el pésimo momento de Ferrer, se transforme en un desastre histórico del cual no había registros y será difícil resurgir.
Argentina sigue teniendo las mismas chances de jugar y ganar la Copa cuando exista un consenso en la idea de trabajo al margen de los objetivos propios de cada tenista.
No me parece que pueda objetársele a Del Potro haber ido a Shanghai a jugar un Master que reúne a los ocho mejores tenistas del año, no creo que las culpas puedan caer sobre Acasusso o en quién designó su ingreso cuando fue partícipe de todo el proceso de crecimiento de este grupo.
El tenis posee aún más chances de perder que el fútbol, no se puede empatar y nos tocó quedarnos con las manos vacías. Pero siempre aparecen aquellos que expresan que “el segundo es el mejor de los perdedores” o, por el contrario, los que enaltecen haber “llegado hasta ahí”.
Las dos posturas son respetables siempre que exista coherencia entre lo dicho y lo hecho, que la voluntad y la entrega sea plena y la conciencia se quede tranquila pensando “Hice lo correcto, dí lo mejor, no me arrepiento de nada”.
Creo que todo el grupo puede tomar esta frase y ahí radica lo importante, algo que va más allá del resultado deportivo.
También quedará en la mente de varios qué hubiese pasado si se respetaba la historia y se jugaba en polvo, si Arnold acompañaba a Nalbandian, si el cordobés metía la volea en el dobles o si Verdasco o Feliciano López podrán repetir algún partido en el resto de sus carreras.
Son ilusiones, posibilidades que no se dieron o ya no importan. Lo real es que Argentina perdió una oportunidad, importante y única, pero para nada definitoria. Y en el caso que así lo fuese, no sería bueno prejuzgar a los protagonistas.

viernes 21 de noviembre de 2008

Dualidad

La necesidad triunfalista y el capricho nefasto de conseguir resultados a cualquier precio, hace que muchos hayan apretado el puño cuando la rodilla de Nadal dijo basta después de una temporada mágica que le permitió terminar con el reinado de la máquina suiza.
La discusión queda instalada en si es lo mismo levantar la Ensaladera de Plata ganándole al mejor del mundo o simplemente completar un trámite ante los que vengan.
Sería bueno reflexionar hasta qué punto el logro final que incluye la desgracia ajena empaña lo que hubiese sido el evento deportivo más importante en el país después del Mundial ´78.
Cómo hubiese reaccionado la raza argentina ante la posibilidad de perder a Maradona en la final de México y perder el título frente a Alemania.
Sería interesante entender que tras cualquier evento deportivo hay mucho más que una copa en juego, sin caer en la alocada filosofía, festejar la baja de Nadal hasta puede condicionar un estilo de vida.
Con lo bueno y lo malo que eso puede congeniar, con necesidades propias y dispares, pero sin prejuicios. Nadie debería juzgar de ventajero a aquel que se alegre con la noticia de la desgracia ajena ni tampoco de ingenuo porque haya querido recibir al mejor tenista del momento y, seguramente, al que se encamina a ser uno de los mejores de la historia.
Esta dualidad convive en todos los deportes, existe en cada uno de los diferentes trabajos que nos toca tener y, por que no, hasta en el mismo torneo de E.De.B.A. cuando miramos de reojo si al próximo rival le expulsaron a su pieza clave.
La confianza, la fuerza y la energía bien enfocadas, son inquebrantables.
Esa es la pauta que lleva a pensar que si nos ocupáramos más de nosotros mismos y de nuestro interior, las percepciones y deseos harían que, primero el entorno, y después hasta el mundo, comiencen a efectuar el cambio necesario que nos estacione en la felicidad que todos poseemos pero que muchos han dejado escapar por incapacidad propia.
Ojalá Argentina sea campeón de la Copa Davis, ojalá el año que viene podamos volver a cruzarnos con España e ir a Madrid o en Barcelona y demostrarle a Nadal que el potencial interno es mucho más importante que un lugar en el ranking.

El video de la semana