viernes 31 de octubre de 2008

Con esperanza

A pesar que mucha gente esperaba por el arribo de Carlos Bianchi, los desencuentros con el Presidente de A.F.A. impidieron que el clamor popular imponga su elegido y como Ventura arregló con El Porvenir, no quedó otra alternativa.
Sin embargo, la designación de Maradona aparece como el punto de partida de una modificación cultural que debe existir en casi todos los jugadores del plantel argentino de los últimos tiempos.
El cambio generacional de la época dorada del fútbol doméstico trastocó el amor por la camiseta y privilegió, las cada vez más abultadas, cuentas bancarias.
Ya no hay un jugador que juega con el tobillo “destruido”, ni con el “brazo roto” enganchado de la camiseta… Ni siquiera un Roberto Ayala o Hernán Crespo que, mal o bien, dejaron todo cada vez que vistieron la celeste y blanca.
El orgullo que sienten, y se cansan de manifestar, todos los deportistas cuando suena el himno y representan al país, no se condice con la entrega de la selección de fútbol.
Un equipo que fue protagonista en diferentes etapas de la historia y que ahora naufraga como un cúmulo de estrellas de marketing que, egoísta y egocéntricamente, hacen y deshacen todo a su antojo.
Maradona puede, y será, cuestionado por su poca y mala historia como entrenador, pero tiene más de 20 años en el fútbol y es innegable que Diego sintió como ningún deportista su estrecho vínculo con el país, con los colores y, por sobre todas las cosas, con la gente.
Sus acérrimos detractores hablarán que fueron otros tiempos, momentos donde el capitalismo estaba más eclipsado. También podrán hacer hincapié en su propia necesidad de considerarse el salvador o su falsa humildad que le imponía volver. Seguramente haya varios esperando su primer traspié para hablar de su capacidad al frente de un equipo.
Lo acompañen o no los resultados y el funcionamiento, soy un convencido que es indispensable respetar a los ídolos, en todo nivel. La figura de Bilardo también busca el mismo resultado. Fue el entrenador más exitoso de la historia y, merecía una nueva oportunidad como muchos otros tuvieron.
Imagino que para Maradona, la decisión de Julio Grondona fue uno de los mejores regalos que pudo haber recibido desde el ámbito futbolero en toda su extensa carrera.

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