El 25 de junio de 1978, la Selección Argentina alcanzaba su primer título mundial en el estadio de River Plate, luego de vencer a Holanda por 3 a 1 en tiempo suplementario y dentro de un clima enrarecido por la dictadura militar que gobernaba en aquellos tiempos.Hoy, 30 años más tarde, un grupo de ex campeones se reunió con el objetivo de conmemorar uno de los logros deportivos más importantes y discutidos de la historia argentina.
“No me preocupaba por lo que pasaba en el mundo, el pibe que tenía adentro tenía la ilusión de jugar un Mundial”, expresó Ricardo Villa, integrante del seleccionado y pionero como futbolista en el fútbol inglés para cerrar su opinión, con mucha honestidad: “Entiendan mi ignorancia”.
Jorge Olguín, lateral derecho del equipo de Menotti, también se refirió a la dictadura: “No sabíamos nada, para nosotros era una dictadura y nada más. Siempre se trata de menoscabar el logro, pero el valor que tuvo ese título no se lo puede quitar nadie”.
Omar Larrosa, ex futbolista de Huracán, opinó que el gobierno de facto “quizá utilizó como publicidad” el Mundial pero “nunca podría haber digitado los resultados”, haciendo alusión a la sospecha que pesa en el partido que Argentina venció 6 a 0 a Perú y le posibilitó acceder, por diferencia de goles, a la final del torneo.
“Brasil se retiró invicto y con un dolor tremendo. Ahí empezaron las versiones”, afirmó espontáneamente Ubaldo Fillol, arquero icono de ese equipo.
A pesar de las sospechas, todos se encargaron de dejar en claro que la llegada de César Menotti fue determinante en la recuperación de la identidad del grupo. Su prioridad por la pelota y el juego asociado fueron el sello de un conjunto que evidenció su supremacía ante el resto y terminó venciendo a la poderosa Holanda, en una final para el infarto.
“Asumimos que el gobierno nos utilizó”, reiteró Fillol mientras Villa agregó: “Siempre estaremos sospechados de algo”.Lo concreto es que históricamente el deporte fue aprovechado por la política, cualquier sea su sesgo, pero también es cierto que Argentina se consagró legítimo campeón, en un marco doloroso y cruento. Ambas situaciones deberían quedar en la memoria de todos, sin entremezclarse, por respeto a los jugadores y a los desaparecidos.
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