La segunda versión de la selección del Coco no encuentra el rumbo. Lejos está de aquel equipo que ganó dos Copas América y se mantuvo invicto durante 33 partidos y lejos también de aquel que casi queda afuera del Mundial de EE.UU. tras el fatídico 0-5 ante los colombianos.Más allá de la tildada catástrofe futbolera del Monumental, el equipo era un equipo.
Al margen de la búsqueda desenfrenada por la vuelta de Maradona para darle un shock anímico a un plantel, quizá no tan rico técnicamente como el actual, pero con una mística superadora y un hambre voraz al que le cortaron las piernas, la versión light de Argentina, deambula sin rumbo en la cancha y en la tabla de posiciones de un torneo que, edición tras edición, se iguala para abajo.
El equipo no tiene identidad, sólo se muestra como un cúmulo de individuos con cláusulas de rescisión de varios ceros pero que no entremezclan sus capacidades técnicas con el fin de darle lo mejor a un necesitado equipo.
No parece ser tan bueno, como rezaba Basile, que el equipo salga de memoria. La premisa que utilizó en su exitoso paso por Boca parece no revalidarse entre los futbolistas que se visten de celeste y blanco.
Su banca es importante pero a su vez, algunos futbolistas sienten la titularidad asegurada y no aceleran por miedo a explotar y a resignar dinero (léase fortuna) en los clubes que los albergan.
Varían los esquemas según el partido pero los nombres parecen encadenados a un puesto que, en muchos casos, indefectiblemente hace extrañar al que quedó al margen de la lista.
Un equipo grande, con pretensiones e historia, no puede permitirse atacar con un solo delantero que, para colmo, adora retrasarse varios metros para entrar en el circuito de juego. Un equipo del talle de nuestra selección no puede enfrentar a Perú con tres números cinco y nada de sorpresa de sus marcadores laterales.
Basile debería volver a la versión de los noventa, a esos equipos ofensivos que supo cautivar con motivación, orden y en los que la preocupación mayor pasaba por generar peligro y goles en el arco de enfrente.
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